Salúdame a esos quinientos soles
Toda persona ha vivido de niño
alguna que otra travesura, desde romper el jarrón favorito de tu mamá, cortarse
el cabello así mismo, pintar con los labiales en los espejos, hasta incluso
esconder el dinero en el VHS pensando que es un cajero. Aunque suena gracioso
recordar todos aquellos momentos. No voy a negar que la travesura que se ganó
el Óscar fue la primera vez que cogí el teléfono para hacer llamadas a un
programa de televisión.
Me encontraba en el cuarto de mi
mamá y apenas tendría siete años, mi madre nunca me puso restricciones a nada,
podía hacer lo que quisiera pero siempre con cierto límite. Miraba la
televisión y cambiaba los canales a cada rato hasta que me sorprendió uno que
presentaba videoclips de música. No me importaba qué tipo de música ponían, lo
que me cautivó fueron las pequeñas letras que se encontraban en la parte
inferior de la pantalla y lo único que leía era “manda tus saludos llama al 0-800-3131…”. Era un número fácil de
aprender, cogí un papel y anoté el número para no olvidarme.
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| Programa de música alternativa para todos los gustos. |
Seguían las llamadas y los saludos
cada vez se hacían más aburridos. Pero como toda una niña ingeniosa opté por
llamar a mi mejor amiga, le comenté todo lo que le había dicho a mi prima y
aceptó. Ahora los saludos se extendían más, ahora era un círculo de a tres. En
donde podíamos jugar con nuestros nombres, sin preocupación a nada. Mi
felicidad se hizo más grande y nunca imagine que las llamadas tendrían el
precio de ocho soles.
Pasado un mes, me encontraba
almorzando junto con mis padres y repentinamente ambos estaban de buen humor y lo único que
recuerdo era que luego íbamos a salir. Pero todo el buen estado de ánimo de mis
padres cambio en un instante al sonido del timbre de mi casa. Mientras seguía
disfrutando de mi almuerzo. Mi papá atendió a la persona que estaba del otro
lado, cierra la puerta y abre un sobre. Yo de reojo lo miraba pero nunca
imaginé que el papel que tenía en sus manos era el recibo del teléfono. Mi mamá
se acercó donde mi papá y empezaron interrogarse.
Mientras ellos conversaban, yo atiné
en decir un comentario que sin querer iba a descubrirme, les dije “papá hay un programa en donde puedo mandar
saludos…”, ambos se miraron y velozmente me miraron. Yo inocentemente seguía
comentándoles y ellos se iban acercando cada vez más a mí, me dijeron que no lo
volviera hacer y que no llamase a ningún número sin consultarles.
| Dulce e inocente niña que no sabía un par de llamadas llevarían a sus padres a pagar tanto por un recibo de teléfono. |

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