viernes, 2 de diciembre de 2011

Perfil de Ariany Yaipen


La Yaipen de pasarela

Es la segunda de tres hermanos y a pesar de sus cortos 19 años, es la preferida de la familia. Estudia Diseño Grafico y estuvo hasta el mes de julio en la escuela de modelos de Marina Mora

Conserva un cuerpo que muchas chicas si la llegasen a ver envidiarían, su movimiento de caderas hace que más de un hombre suspire y los convierta en poetas de callejón. Ella nunca sale a ni una parte si es que sus rulos no se asimilan a un resorte, siempre firmes. Es  muy meticulosa con la ropa, nunca se queda conforme con lo que tiene puesto y cada vez  que sale a la calle, necesita de la aprobación de su hermana mayor.

El reloj marcaba las once de la mañana y me encontraba en su casa en el distrito de Breña. Ariany estaba aun en pijama en donde lo único que atino al verme fue “esta es mi realidad” y sin ningún problema me invitó a entrar a su cuarto, que por cierto era un mini-mundo de la moda, las planchas de  cabello en su escritorio, la ropa desparramada por cada rincón de su cuarto y una gran cantidad de maquillaje en su mueble. Me dice que su cuarto siempre es como un barranco un día después de haber tenido un desfile en algún evento y que le cuesta arreglarlo como estaba antes.

Delicadeza al caminar acompañado de una sonrisa es lo 
que le motiva Ariany seguir en el modelaje.

Sacó un álbum de sus cajones en donde me muestra fotos de sus sesiones explicándome de una forma sutil cada detalle de la foto, en donde ella dijo “una modelo siempre tiene que estar segura de dar pasos firmes por el tamaño de los tacos que nos piden, la forma de posar tiene que transmitir un mensaje y la mirada tiene que ser intensa y segura”. Un tiempo atrás, empezó a estudiar el modelaje como  una carrera gracias a la motivación de su madre con la finalidad de que se desenvuelva  más y sea más sociable con las personas. Pero el único inconveniente como en casi toda familia era su padre quien se llenaba de celos a ver a su hija con prendas diminutas.

Pasado un par de horas, Ariany se puso a practicar frente a su espejo, creando su propia pasarela, mirando cada detalle de sus gestos, pasos y sus manos. Al verla haciendo todo su espectáculo la invité a ser parte de una pequeña pasarela, la cual ella acepto. Ella seguía haciendo sus ejercicios de modelaje hasta que todo se opacó al ver a su padre entrar al cuarto, este me dijo que aún no se acostumbra ver a su hija con prendas tan pequeñas y que muchos hombres la vean pero con el tiempo logrará entenderlo. La sonrisa de Ariany fue cambiando de a pocos pero ella siguió con lo suyo, sin hacer un solo comentario a lo que había dicho su padre.

Caminar con taco trece no le es ningún inconveniente, lo hace como si estuviese utilizando sandalias o cualquier otro zapato chato. Camina por toda su casa hasta incluso se da la gana de correr con ellos puestos, burlándose de mis zapatillas haciéndome ver que ella está preparada para cualquier contratiempo que pueda ocurrir en un desfile. Saca el maquillaje de su armario, se aplica base para contrarrestar su acné y empieza hacer una obra de arte en su rostro. Era increíble ver a la Ariany que me abrió la puerta en pijama y con los ojos legañosos a la Ariany maquillada, en tacos, en short y polo.

A los dos días siguientes, la esperé en el Instituto San Ignacio del distrito de La Molina, ya que unos días atrás aceptó ayudarme en un trabajo que tenía que realizar. Vestía de una blusa blanca, un jeans apretado, una cartera de color verde eléctrico y unos tacos inmensos. Se puso la ropa, se maquilló inmediatamente y ella al ver que no era la única que iba a desfilar aprovechó en enseñar a caminar a las dos chicas que estaban conmigo, que por cierto, estas eran primerizas en el modelaje. En eso, vi cómo se las llevó a una esquina y les decía “camina con firmeza, no te importa lo demás, crea tu propio mundo”, analicé si será cierto todo lo que les decía o era para tranquilizar a las chicas o quizás realmente esté diciendo la verdad, me quedó la duda. Una vez con la ropa indicada y ya lista para salir a modelar, Ariany busca un espejo y aplicó lo que vi en su cuarto. Una vez empezado a grabar y el modista comenzó a describir los detalles de la ropa, Ariany salió y se dirigió a las cámaras sin ni un problema se pudo notar que en su poca experiencia en el modelaje que lo está llevando bien. Giro a la derecha, giro a la izquierda, dos pasos adelante, uno hacia atrás y dos de salida, es así como logró hacer todo esto sin quitarle la mirada a la cámara.

Ariany antes de ser modelo y de empezar a practicar con zapatos altos y ropa apretada, tuvo que bajar cinco kilos y medio en los últimos dos meses porque según lo que le enseñaron en la escuela, era que una chica que quiere prepararse para ser modelo tiene que tener el peso adecuado a su talla pero por lo general no tiene que ser más de sesenta kilos, para así poder encajar en la ropa de los diseñadores. Mientras ella seguía comentándome todo a cerca del mundo de las pasarelas soltó un comentario “es difícil este mundo, hay algunos diseñadores que al solo ver un centímetro de estomago te votan”, su estado de ánimo cambio y supuse que este hecho le había ocurrido a ella.
Ariany Yaipen en uno de sus primeros
 desfiles en el "Miss Surco”.
Una vez terminado la pasarela, ella sin gran apuro se dirigió a quitarse la ropa, tuvo una pequeña plática con el modista invitado para ese día y una vez finalizado la conversación, esta salió con una sonrisa de oreja a oreja dirigiéndose hacia el baño, habiéndose sentido satisfecha por haber realizado lo que más le gusta, le apasiona y que sobretodo no lo va a dejar por más inconveniente que puedan llegar los celos de su padre. Lo único que le importa es el apoyo de su madre quien está detrás de ella en cada evento que se le presente a Ariany, pero que esta vez fue la excepción. Por último su carrera recién está comenzando y no me asombrare al verla en un futuro en una de las pasarelas más importantes que suelen haber en Lima o quizás en alguna portada de las revistas más destacadas de los medios.

Programa de voluntariado de la Ymca


¡Ayuda a la vista!

La Ymca es una asociación cristiana de jóvenes, uno de sus proyectos de ayuda social se realiza en Independencia, logrando ayudar a mujeres de bajos recursos a salir adelante a través de talleres como el de textilería, panadería y salud.

Por: Ingrid Contreras

Esperaba dentro de la oficina de recursos humanos de la Ymca en el distrito de Pueblo Libre, una señora con actitud muy mandona a quien se le notaban las patas de gallo y tenía el cabello todo alborotado me dijo que cuándo lleguemos yo iba a cuidar a los niños. En ese momento imaginé tener el control de estos, pero a la misma vez no pensé en que sería prácticamente su niñera.

El camino era largo, pero de buena suerte había un bus particular que nos movilizó. Me di cuenta que ya estábamos llegando, ya que el carro se acercaba cada vez más al cerro. El auto subía y subía, no sabía cuando iba a detenerse. Fue en ese momento en que empecé a dudar si había hecho bien en llegar a estos lugares tan alejados, sin embargo era demasiado tarde para arrepentimientos.

Enseguida el chofer se detuvo y pensé que habíamos llegado, parecía un camino hacia el cielo y no había cuando terminar. Una vez que el carro paró, una de las voluntarias me dijo que aún faltaba por caminar. El camino se hacía por momentos más angosto, pequeñas piedras caían repentinamente, tuve que pisar firme para no resbalarme. Al ir subiendo las escaleras se volvieron más empinadas, lo único que hubo de apoyo eran unos palos delgados clavados entre sí para formar una baranda.

La intranquilidad de vivir en una realidad muy dura es lo que 
le incomoda mucho a Isabela.  
Después de veinte minutos de haber caminado desde el punto que nos dejaron, llegué a una pequeña casa,  una niña me atendió y me preguntó si soy una nueva voluntaria, no le presté atención ya que una de las señoras me mandó a abrir la puerta apresuradamente porque la charla ya iba a empezar y en cualquier momento llegarían las participantes.

El espacio era muy pequeño, del tamaño de un cuarto de 2x3 metros,  lo único que había eran tres bancas de madera viejas y largas alrededor y una mesa al medio, papelografos en las paredes con mensajes referidos al amor de Dios; así como también los juegos de los niños. Todos estaban dentro de cajas pesadas y mal olientes. Parecía que todo había estado en ese mismo lugar por años y se había desgastado debido al abandono.

Tuve que bajar las escaleras de la salida de la casa. Estas eran como un laberinto para llegar a un terreno donde el piso era de cemento. No había estética en ello, si bien es cierto no era necesario, coloqué las sillas y mesas en orden para cuando vengan los niños. De vuelta en la casa observé cómo es que las participantes iban llegando en fila india y con una compañía en sus rostros, que hasta ese entonces había ignorado, una sonrisa.

Fue interesante observar todo tipo de personas que asistían a este evento. Entre ellas estaba la apresurada que quería llegar antes que todas, también la que venía renegando o gritando a sus hijos, la despreocupada, la que con que con ella no era la cosa o no había ni un problema y la que siempre está dispuesta a ayudar en lo que sea necesario. Sus ropas eran pantalones de buzo, polos sueltos y sandalias. Miré que el recinto se iba llenando y decidí bajar porque mi ‘chamba’ era cuidar a los niños.

Una vez abajo los niños me miraban como bicho raro, uno que otro se acercaba mientras que los demás estaban en su mundo como a armar torres o usar cualquier cosa que se encentraba a su alcance. La libertad se trasmite en sus ojos, se podía ver que el mundo se podría derrumbar, pero no el suyo, aquel mundo construido por juguetes que creaban fantasía. Pensé entonces en cuan felices son los niños y que tan ajenos están de la realidad y quise ser niña una vez mas, correr con el viento y sentirlo en mis mejillas, gritar al vacío y no sentir vergüenza por hacerlo.

La charla ya había empezado, todas las participantes estaban de pie, justo iban a empezar a jugar. El primero consistió en pasar por debajo de las piernas de las personas y al finalizar tenían que coger un gorro. Las expresiones de sus rostros reflejaban calma y alegría, uno de esos momentos que no quisieran que termine.

Luego de que acabaron los juegos, la encargada de la charla me pidió que la ayude a servir el pequeño compartir, sacando los biscochos y el té. Me dispuse a servirle a cada uno, pero cuando me dijeron que faltaba una participante, no podía servir hasta que no llegue. Una vez terminado esto, llegó el doctor Andrés un hombre de aproximadamente cuarenta años, con una mirada penetrante y con mucha seguridad. Llegó para hacerles una sesión de salud. Al momento que el doctor estaba explicando su tema, las señoras al escucharlo mostraban gran interés, haciendo preguntas hasta dejarlo sin aliento. Una vez terminado el doctor, se retiró y llegó el momento en el que las cuatro voluntarias hablaron de la reflexión del día. Al ver la biblia en sus manos me quería retirar en un instante, pero me quede solo por saber hasta qué punto la fe puede transformar la mente, el cuerpo y hasta esa energía que todo el mundo le dice alma.

Niños jugando a hacer torres. Tan meticulosos como si
 fueran ingenieros civiles.
Les entregué los cancioneros a las participantes y noté que algunas no sabían leer: estaban sentadas mirando el libro a todas direcciones. Algunas me miraban como pidiéndome ayuda. Era paradójico: al darles los juegos a los niños, ellos sabían exactamente qué hacer; pero al darle el cancionero a las madres, ellas no lo sabían. Las voluntarias empezaron a cantar y alguna que otra señora la seguía sin saber lo que hacía. Otras, en cambio, solo miraban el libro. Nunca supe si era porque tenían vergüenza de demostrar que no sabían leer o estaban tan concentradas en la lectura.

Una vez terminado todo, procedí a decirles a los niños que la charla había terminado y que tenían que devolverme los juegos. Cargué las cajas y las dejé en la pequeña casa. Me puse a lavar todo lo que habían ensuciado: los vasos de plástico en donde se les sirvió el té, que, para mi buena suerte, eran pocos. Las participantes se iban retirando en grupos, otras se quedaron un rato más contemplando la vista y luego se dirigieron a sus hogares que estaban cerca.

Una de las encargadas de las charlas echó llave y suspiró como sintiendo haber cumplido una meta. Me miró, me sonrió y volvimos a caminar por los caminos estrechos. Mientras íbamos de regreso, supe que nada volvería a ser igual: pasar de la ciudad donde los carros vuelan y la gente es plástica. Había entrado en otro mundo donde la realidad duele y la ayuda vale por diez. Las calles no son las mismas cuando se les mira de distinto estado de ánimo. Los niños, las señoras, la subida, las sillas, el plástico, los play-go, estar en lo alto del cerro sin ninguna calle ni carros. Y de lejos se vislumbraba el atardecer. Todo en silencio, todo tranquilo, si la humanidad dejará de ser egoísta grandes cosas podrían ser aprendidas entre estos sectores de la sociedad

Entrevista a Ida Campos Jacinto



Motivada por charlas de cambio

Es madre de tres hijos y a su vez se gana la vida limpiando casas.  Este año ha empezado su labor como Presidenta del  Vaso de Leche – PRONAA en el distrito de Independencia y  ayuda a  su esposo en la venta de emoliente todas las mañanas. 

Ida Campos J. no tiene un trabajo fijo, pero uno que se suma más
 a su lista es limpiar casas.

Me encontraba en el Asentamiento Humano – Bellavista, una mototaxi se detuvo a unos metros del lugar en donde yo estaba, podía distinguir que era Ida ya que estaba vestida con un pantalón marrón casi desteñido, con una chompa verde, sandalias y el cabello recogido. Se dirigió hacia mí y me hizo un gesto con la mano refiriéndose a que me acercara a ella.

Nos pusimos a caminar y podía notar que esta mujer estaba cansada, se le notaba en su mirada y en su caminar, pero aun así no se negó a contestar a mis preguntas. Mientras caminábamos apresuradamente bajo el ardiente sol, entre piedras y toda la tierra que nos llegaba al pasar los autos, Ida me iba comentando de un programa  voluntario que les brinda la YMCA – Perú y que a partir de ahí su vida cambio, ya que la ha ayudado a creer mas en sí misma y en las personas que la rodean. 

¿Cómo te enteraste del programa de la YMCA - Perú en tu distrito?
Mi vecina me comentó acerca de un grupo de mujeres que venían todos los martes y que daban charlas, hacían juegos y que al final siempre había un compartir y eso me animo mucho a ir de pasada que me despejo por los gritos de mis hijos, como están pequeños gritan todo el día.

¿Cómo fueron tus primeros días yendo a las charlas?
Me sentía nerviosa porque no conocía a nadie, pero poco a poco fui conociendo a las señoras que iban a las charlas hasta que me hice amiga de mi vecina que siempre me decía que vaya con ella. Ahora las dos salimos de nuestras casas temprano, ella me espera en la panadería que está al frente de mi casa y nos vamos rápido porque no podemos llegar tarde.

Entonces  ¿quién controla su asistencia?
La señora Carmen, ella nos controla siempre la entrada. Yo ya tengo cinco faltas hasta el día de hoy pero trato de siempre venir puntual porque si no nos llaman la atención. Nosotras solo podemos tener quince faltas en todo el año, ni una más ni una menos porque si no estamos fuera de las charlas.

¿A parte de las señoras voluntarias, hay alguien más que esté a cargo de ustedes?
Si, el doctor Andrés quien nos enseña cómo cuidar el aseo personal, la limpieza en la casa y de los alimentos antes de comer. La vez pasada hubo un chequeo del cáncer de mamas y otro día el doctor Andrés trajo a más doctores para que nos limpien nuestros dientes y de pasada nos enseñaron  cómo debemos cepillarnos.

¿Qué es lo que más te gusta del programa?
Es muy bonito porque ahí he aprendido sobre cómo portarnos y cuidar a nuestros hijos,  cómo darle cariño a nuestros esposos al llegar a casa como por ejemplo darle un abrazo o un beso , el aseo personal de cada uno y cómo administrar las cosas en la casa. Cosas muy interesantes.

¿Todo lo que has aprendido lo aplicas en tu vida cotidiana?
Sí, porque antes yo era renegona con mi familia. No los trataba bien como mis hijos son pequeños me desesperaban y yo les pegaba para que se callaran pero ahora ya no porque este programa me ha hecho cambiar. Ahora les doy más cariño, los atiendo, les ayudo en sus tareas hasta con mi esposo soy más romántica, este programa que hace la YMCA es muy bonito para mi, además que también puedo llevar a mis hijos a veces porque ellos también tienen charlas pero son otros días.

¿Tu familia también es parte del programa de Independencia de la YMCA – Perú?
Bueno solo yo y mis hijos, porque mi esposo sale desde temprano a vender emoliente y luego se pone a taxear, aparte que las charlas a las que yo voy son solo para señoras amas de casa y mis hijos van los días sábados en las mañanas o a veces me acompañan a mí, pero se quedan abajo en la cancha jugando hasta que yo salga del programa.

¿Tienen otras actividades a parte de asistir todos los martes? ¿Cuáles?
Si, en diciembre por navidad la YMCA nos dan mucha ayuda para nuestros hijos, les dan juguetes y chocolatada. A las mamás como yo nos dan ropa y también hay un taller que son los miércoles de costura y ahí yo hago mis carteras y luego las vendo para ganarme un sencillo. 

Enamórate de ella

Tema: El lesbianismo
Hipótesis: comportamientos al estar con una persona del mismo sexo. 

Una historia llena de drama, amor y sobretodo
de intriga.

Generalmente la orientación sexual entre un hombre y una mujer es válida, pero si hablamos de la relación de dos personas de un mismo sexo, las cosas cambian, debido a que muchas personas dicen que “Dios ha creado al hombre y a la mujer para que se amen y sean uno solo”, pero esta frase no a impedido a pasar el tiempo a que personas del mismo sexo se atraigan a sí mismas.
La pagina web Fertilab detallo un estudio estadounidense realizado a 34,000 estudiantes que se encuentran entre los 12 a 17 años, el 25% de 12 años no estaban seguros a cerca de su orientación sexual, mientras los alumnos de 17 años, el resultado fue de 5%. Por ende, se deduce que a raíz de la inseguridad de estas personas algunas optan por ser gays o lesbianas
La expresión del lesbianismo fue empleado en el siglo XX a raíz de la segunda ola feminista, movimiento en el cual abarcó a la igualdad de sexos, en donde las mujeres rechazaron completamente al hombre e incluyeron tener comportamientos al igual que este. Entonces teniendo en cuenta este dato, se puede sacar una breve definición en donde el lesbianismo es la relación de afecto y deseo que tenga una mujer hacia otra de su mismo sexo. Es así como le ocurrió a Sumire, en una aventura que tuvo con una mujer diecisiete años mayor que ella y de la cual se enamoró desde el primer día en que la vio, siendo escrita por el japonés Haruki Murakami (enero de 1949), ganador del XXIII Premi Internacional de Catalunya 2011.
A Sumire le pasó lo que a más de una chica le puede haber pasado, el rechazo. Es aquí donde partiré para llegar a varios puntos a cerca del lesbianismo. ¿Por qué decidir estar con alguien del mismo sexo?, muchas veces las mujeres lo hacen por el simple hecho de que un hombre les haya sido infiel y muchas de ellas buscan la salida de probar algo nuevo.

Argumento 1
Como es el caso de una prima a quien hace poco me enteré de su orientación sexual. En donde una de las características más notorias que tiene ella es vestirse como un hombre. Un pantalón ancho, una gorra, cabello amarrado, polos tallas XL, ¿Por qué tendría que vestirse así?, no queda duda que en lesbianismo una de las dos mujeres toma el papel del hombre, coge su forma de ser y tanto es el comportamiento que ni sienten una de la otra de quien es quien. Es una realidad que como dice mi prima “es difícil de entender pero si se quiere no importa lo que piensen los demás”. Asimismo la  psicóloga Patricia Alonso afirma lo siguiente “Sentirse atraído por una persona del mismo sexo no es una enfermedad. Plantéate por qué te gusta al margen de su sexo. Si te atrae ella o lo que significa (su juventud, la aventura, etc.), qué quieres para ti, cómo ves tu futuro, cómo va tu vida familiar y sexual…”.

Argumento 2
El rechazo en ellas les ocasiona resentimiento, miedo y tristeza, lo que con lleva a crear sus propios círculos de amistad hasta incluso alejarse de ellos. Es lo que le sucedió al personaje principal de la historia de Sputnik, mi amor. El hecho que Sumire se aleje luego de haber expresado sus sentimientos a Myû y que esta la rechace es lo que ocurre siempre en este tipo de relaciones, en donde buscan la manera de encontrarse hacia sí mismas en espacios solitarios en búsqueda de una razón del ¿Por qué preferir a una mujer y no a un hombre? 
“Pero por más que mi mente pensara de ese modo, mi cuerpo la rechazaba. No podía aceptarla. Yo sólo sentía excitados el corazón y la mente, el resto estaba seco y duro como una piedra. Es triste, pero yo no podía hacer nada. Como es natural, Sumire se dio cuenta. Su cuerpo ardía, estaba dulcemente húmedo. Pero yo era incapaz de corresponderle.” (Murakami 1999 P.  133  )

 Argumento 3
Por último, el efecto más fuerte es el deseo sexual en el lesbianismo, si bien estas las pueden manifestar de diferentes formas ya sea por caricias, abrazos y besos. Pues si bien son personas normales, a la cuales lo único que lo diferencia de una relación, es que son mujeres que buscan estimularse en el deseo de experimentar estar sin un hombre y experimentar una vida sin ellos.
En conclusión, el tiempo irán cambiando la forma de ser y pensar del lesbianismo, ya que no todas las personas tienen prejuicios ante una persona lesbiana, como en el caso que le ocurrió a Sumire en la novela de Murakami, ya que esta tenía un amigo al que le contaba todo lo que sentía por Myû, sus inquietudes y sus deseos por querer estar con ella y por tenerla.

Fuentes
MURAKAMI, Haruki
2009 Sputnik, mi amor. Argentina: Tusquets

Alohacriticón

Wikipedia

Fertilab
Mi Bolso